
Me enseñaron a luchar por un sueño, a no abandonarlo nunca y es que un sueño cuando muere es un sueño frustrado y una mancha en el pasado, a no rendirme por muchos problemas que se encuentren a lo largo de la vida.
Recordando un día de prácticas…por un instante perdí todas las fuerzas que tenía, poco faltó para tirar la toalla, echarme al suelo y empezar a patalear de rabia, angustia y desesperación, poco faltó… fue el reto más difícil al que me enfrenté en esos tres meses.
Largo, intenso y muy duro físicamente, por tercer día consecutivo me dediqué a fotografiar cada boca de metro de cuatro líneas, una fotografía más, significaba estar mucho más cerca de acabar con el sufrimiento.
El primer día fue divertido, hasta lo afronté con ánimos, me hacía ilusión hacer la foto y llegar a coger el tren siguiente, aunque a medida que pasaba la tarde y las estaciones, las ganas y las fuerzas fueron disminuyendo… he de decir que se me hizo demasiado tarde para andar por el metro y sobretodo por esa zona…
El segundo día fue pesado y repetitivo, todavía me duele todo al pensar en las agujetas que tuve, ya que la larga y eterna línea 1 tiene demasiadas estaciones antiguas sin escaleras mecánicas.
El tercer y último día aproveche la mañana para hacer una línea y la tarde para hacer la que me quedaba, donde perdí todas las fuerzas…tenía la sensación de elegir las salidas más lejanas, en las que más había que andar y créanme cuando les digo que la línea 1 no es la más larga, cuenten si quieren la 5 y se sorprenderán gratamente, de hecho, cuenten todas las de las líneas 1, 3, 5 y 8, yo tengo una foto de cada boca de metro…
Pero ahora no hay nada como echar la vista atrás, puedo decir que lo hice, hice aquello que posiblemente sea una de las cosas más duras que haga nunca, algo que poca gente ha hecho…una locura, quizás las locuras son las que nos dan fuerzas para seguir adelante, las que nos ayudan a no caer, a luchar por un sueño…
Recordando un día de prácticas…por un instante perdí todas las fuerzas que tenía, poco faltó para tirar la toalla, echarme al suelo y empezar a patalear de rabia, angustia y desesperación, poco faltó… fue el reto más difícil al que me enfrenté en esos tres meses.
Largo, intenso y muy duro físicamente, por tercer día consecutivo me dediqué a fotografiar cada boca de metro de cuatro líneas, una fotografía más, significaba estar mucho más cerca de acabar con el sufrimiento.
El primer día fue divertido, hasta lo afronté con ánimos, me hacía ilusión hacer la foto y llegar a coger el tren siguiente, aunque a medida que pasaba la tarde y las estaciones, las ganas y las fuerzas fueron disminuyendo… he de decir que se me hizo demasiado tarde para andar por el metro y sobretodo por esa zona…
El segundo día fue pesado y repetitivo, todavía me duele todo al pensar en las agujetas que tuve, ya que la larga y eterna línea 1 tiene demasiadas estaciones antiguas sin escaleras mecánicas.
El tercer y último día aproveche la mañana para hacer una línea y la tarde para hacer la que me quedaba, donde perdí todas las fuerzas…tenía la sensación de elegir las salidas más lejanas, en las que más había que andar y créanme cuando les digo que la línea 1 no es la más larga, cuenten si quieren la 5 y se sorprenderán gratamente, de hecho, cuenten todas las de las líneas 1, 3, 5 y 8, yo tengo una foto de cada boca de metro…
Pero ahora no hay nada como echar la vista atrás, puedo decir que lo hice, hice aquello que posiblemente sea una de las cosas más duras que haga nunca, algo que poca gente ha hecho…una locura, quizás las locuras son las que nos dan fuerzas para seguir adelante, las que nos ayudan a no caer, a luchar por un sueño…
